
Luego de caminar unas cuadras con un look de mochilero en la que fue mi ciudad por 5 años, llegué a la oficina de Oltursa de Miraflores a las 2:35 p.m. para darme con la sopresa que había un letrero chiquitito en la puerta que decía “cerrado por refrigerio de 2 a 3 p.m.). Me dije: “25 minutos de espera no me afectarán y será algo que será muy frecuente en este viaje”. Llegaron las 3 p.m. y muy puntual llegó la señorita que atendía y compré mi pasaje. Yo quería salir en el bus más próximo de las 4:30 p.m., pero este bus costaba 100 soles (33 dólares) porque se iba hasta Tumbes (independientemente si me bajaba en Piura o Tumbes), me pareció una tontería ya que el bus que salía a las 4:45 p.m. con destino final Piura me costaba 80 soles (27 dólares), así que opté por este segundo bus.

Me fui a almorzar a un restaurante que siempre me había llamado la atención frente al Parque Kennedy en Miraflores en el que había un menú llamativo que te ofrecía una entrada de pastel de choclo y un segundo de puré de camote con arroz y pollo a la hawaiana, el menú me costó 12.90 soles (4 dólares) pero no fue la gran cosa que te pongan una rabadilla mezclada con media entrepierna en el segundo, ni un pastel de choclo mezclado con harta harina para darle consistencia a tan poco choclo usado, aunque el sitio bastante bonito y atractivo que se le puede dar un 9/10, la comida se lleva 4/10 puntos. Pero por un menú de 12.90 no creo que se pueda exigir mucho.

Subido ya en Oltursa pareciera que Lima se despidiera de mí con ironía, veía desde el segundo piso del bus a los carros parados en los semáforos detrás de las líneas peatonales, los carros en Javier Prado yendo por su carril en lugar de invadir dos carriles y la gente cruzando por las esquinas, creo que fue un adiós bastante irónico, aunque con caos y combis y un parque automotriz que sobrepasa la capacidad de lo permitido por las vías de la ciudad, me llevo gratos recuerdos de Lima entre amigos y experiencias. Ya en el bus, luego de dos

películas piratas en DVD y un mini-cau-cau de cena que por cierto estuvo muy bueno apagaron las luces y a dormir se ha dicho. Por supuesto que no es lo mismo que dormir en tu cama, pero se intenta dormir durante toda la noche. Cuando a las 6 a.m. bien temprano, cuando quieres seguir durmiendo lo que te ha faltado dormir durante la noche, te ponen una música instrumental que te martilla la oreja para despertarte “sutilmente” para avisarte luego que te servirán tu desayuno (un mini-pan relleno de un miniqueso, un vaso de jugo de caja, un

keke de chocolate y un caramelo de menta) y la máxima de todas fue cuando en la mañana nos pusieron una película en DVD que era tan, pero tan pirata, que un pata había ido con su cámara a un cine, la había grabado y luego la había comercializado en sus DVD para que una de esas copias terminara en nuestro bus, por un momento aluciné una realidad paralela en que Oltursa tenga su videoteca llena de películas originales y antes de los viajes la terramoza escoja el repertorio de esta videoteca y los ponga durante el viaje de ida y vuelta para luego de regresar a Lima los devuelva a esta videoteca digna de un coleccionista de películas: “nuevamente Jow, alucinaste demasiado”.
Llegué a mi querida Piura a las 7 a.m.
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