jueves, 28 de mayo de 2009

Dejando Lima


La salida de Lima no fue tan traumática como pensaba. Después de 5 años, mi cuerpo ya pedía un break, ya me “solicitaba” dejar Lima. El ritmo de trabajo, el tráfico y las distancias para realizar cosas cotidianas hacen que tu día sea devorado por el tiempo sin que tengas derecho a devolución.

Amaneció el día lunes y decidí darle los últimos arreglos a mi mochila de 50 litros, en los que quería la mayor liviandad posible pero a la vez, por ese impulso interno que nos hace aferrarnos a lo material, quería meter toda mi ropa dentro. Después del primer intento de meter “toda” la ropa que pensaba necesitar, cerré la mochila y me pareció un globo de agua a punto de reventar, la puse a mis espaldas y el peso era demasiado para caminar trayectos largos. Fue ahí cuando me entró un fulgor de razón y dejé todo sentimentalismo de lado (aunque aún siento la mochila pesada) decidí deshacerme de ropa extra como varios pares de medias, un par de jeans a los cuales les tengo camote pero que están rotos de pies a cabeza, un par de zapatillas extras, polos para dormir (tendré que dormir calato). Todo esto alivió la mochila por lo menos unos 4 kilos y con el dolor de mi alma y mi adicción a la tecnología me desprendí de mi laptop aunque mientras escribo esto se me desprende una lágrima sobre este teclado de una computadora que tanto añoro que fuese la mía.
Luego de tanta lucha entra la razón y el sentimiento y un par de lágrimas derramadas al dejar algunas cosas abandonadas, enrumbé con mochila a la espalda a comprarme el pasaje al siguiente destino: Piura. Piura, para los neófitos en el tema, está a 1029 Km de distancia al norte de Lima (a unas 14 horas aproximadamente en bus).




















































Luego de caminar unas cuadras con un look de mochilero en la que fue mi ciudad por 5 años, llegué a la oficina de Oltursa de Miraflores a las 2:35 p.m. para darme con la sopresa que había un letrero chiquitito en la puerta que decía “cerrado por refrigerio de 2 a 3 p.m.). Me dije: “25 minutos de espera no me afectarán y será algo que será muy frecuente en este viaje”. Llegaron las 3 p.m. y muy puntual llegó la señorita que atendía y compré mi pasaje. Yo quería salir en el bus más próximo de las 4:30 p.m., pero este bus costaba 100 soles (33 dólares) porque se iba hasta Tumbes (independientemente si me bajaba en Piura o Tumbes), me pareció una tontería ya que el bus que salía a las 4:45 p.m. con destino final Piura me costaba 80 soles (27 dólares), así que opté por este segundo bus.

Me fui a almorzar a un restaurante que siempre me había llamado la atención frente al Parque Kennedy en Miraflores en el que había un menú llamativo que te ofrecía una entrada de pastel de choclo y un segundo de puré de camote con arroz y pollo a la hawaiana, el menú me costó 12.90 soles (4 dólares) pero no fue la gran cosa que te pongan una rabadilla mezclada con media entrepierna en el segundo, ni un pastel de choclo mezclado con harta harina para darle consistencia a tan poco choclo usado, aunque el sitio bastante bonito y atractivo que se le puede dar un 9/10, la comida se lleva 4/10 puntos. Pero por un menú de 12.90 no creo que se pueda exigir mucho.






Subido ya en Oltursa pareciera que Lima se despidiera de mí con ironía, veía desde el segundo piso del bus a los carros parados en los semáforos detrás de las líneas peatonales, los carros en Javier Prado yendo por su carril en lugar de invadir dos carriles y la gente cruzando por las esquinas, creo que fue un adiós bastante irónico, aunque con caos y combis y un parque automotriz que sobrepasa la capacidad de lo permitido por las vías de la ciudad, me llevo gratos recuerdos de Lima entre amigos y experiencias. Ya en el bus, luego de dos películas piratas en DVD y un mini-cau-cau de cena que por cierto estuvo muy bueno apagaron las luces y a dormir se ha dicho. Por supuesto que no es lo mismo que dormir en tu cama, pero se intenta dormir durante toda la noche. Cuando a las 6 a.m. bien temprano, cuando quieres seguir durmiendo lo que te ha faltado dormir durante la noche, te ponen una música instrumental que te martilla la oreja para despertarte “sutilmente” para avisarte luego que te servirán tu desayuno (un mini-pan relleno de un miniqueso, un vaso de jugo de caja, un keke de chocolate y un caramelo de menta) y la máxima de todas fue cuando en la mañana nos pusieron una película en DVD que era tan, pero tan pirata, que un pata había ido con su cámara a un cine, la había grabado y luego la había comercializado en sus DVD para que una de esas copias terminara en nuestro bus, por un momento aluciné una realidad paralela en que Oltursa tenga su videoteca llena de películas originales y antes de los viajes la terramoza escoja el repertorio de esta videoteca y los ponga durante el viaje de ida y vuelta para luego de regresar a Lima los devuelva a esta videoteca digna de un coleccionista de películas: “nuevamente Jow, alucinaste demasiado”.
Llegué a mi querida Piura a las 7 a.m.

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