miércoles, 12 de agosto de 2009

Playa del Carmen, México - Nuevamente Enamorado


El Trayecto de Caye Caulker a Playa del Carmen fue un poco largo, pero a falta de tiempo, las distancias deben acortarse viajando más. Me quedaban dos días y mi vuelo salía a las 7 a.m. del tercer día.

Salí a las 6 a.m. en el primer water-taxi desde Caye Caulker hasta Belice City. Nuevamente en el terminal de lanchas a duras penas logramos regatear con un taxista para que nos llevara hasta la estación de buses. Por qué en este país no aceptan regateos? Tienen en la mente la relación extranjero-plata, pero no existe la relación mochilero-bajo presupuesto.

En la estación de buses tomé el bus para Chetumal (frontera con México), 3 horas después llegamos a la frontera y debíamos sellar la salida de Belice aparte de un impuesto de dos impuestos de salida que hacían US$18.00. Pagar por salir del país? y por 2 días de estadía? Bueno, cada gobierno con su tema y mi billetera con su dolor.

En México la entrada fue más rápida, una llenada de formulario y 180 días de estadía permitida estampada en mi pasaporte. Eran muchos, pero me hubiera gustado aprovecharlos todos, ya que de tan solo estar en el lado mexicano, observando todo lo que me rodeaba el país me decía que tenía mucho más aún por ofrecerme. A simple impresión sería uno de los países más desarrollados y con mejor auge económico de centroamérica. Fue una gran sorpresa la que me llevé y un grato recuerdo el que aún mantengo.


En Chetumal cambié mis dólares de Belice por Pesos Mexicanos. La relación ahora hacía que 12 pesos son 1 dólar estadounidense. Tomamos un taxi (con una chica inglesa que había conocido en el water-taxi) que nos llevó a la terminal de buses de Chetumal con destino a Playa del Carmen. Tomé esta vez el servicio de primer clase (porque salí más pronto y porque ya tenía la necesida de descansar de los chicken-buses). Mientras esperaba el bus, finalmente pude probar, como el chavo del ocho, una torta de jamón. Resultó que mi sueño se rompió al darme cuenta que me había comido millones de ellas y hasta en el mismo tipo de pan allá en Perú pero llamándolas "sánguches".

El Bus a Playa del Carmén duró 4 horas. Llegué a las 6:30 y todavía era de tarde. En esta parte del mundo en verano anochecía como a las 8 p.m. Bajé del bus, salí de la terminal y mis ojos se enamoraron de lo que vieron. Arquitectónicamente moderna, limpia y ordenada estaba ahí Playa del Carmen (o simplemente Playa como la llaman los mexicanos). Más aún me sorprendió que un carro parara para darme pase. Caminaba buscando una cabina de internet y encontré una. A buscar hospedaje (ya no tenía guía, porque la mía barría sólo hasta Belice). Encontré en internet un hospedaje: El Happy Gecko. Bueno y barato, 5 dólares la noche por cuarto compartido pero con el único inconveniente que el cuarto estaba en el segundo piso y el baño en el primero y un único baño para 16 personas. Fue algo no tan difícil de manejar, como se dice "uno no lo puede tener todo".

Ubicarse en Playa del Carmen es lo más sencillo del mundo, las avenidas van paralelas al mar y van numeradas de cinco en cinco. La Quinta Avenida, como la neoyorquina, es la más importante, sin carros que transiten por ella y donde están todas las tiendas y restaurantes más "fresas" de Playa. Las calles cortan a las avenidas y van numeradas de dos en dos. Ubicar una dirección es cuestión de sentido común.

Para comer, descubrí un restaurante mexicano bueno y barato en donde por primera vez probé chilaquiles (tortillas en tiras, queso, salsa y lechuga), enchiladas con mole de chocolate (tortillas rellenas de pollo con una salsa de chiles con chocolate), fajitas mexicanas (no las del Chili's), agua de jamaica (una flor que al hervirla da un color rojo al agua y un sabor característico) y Horchata (agua de arroz con canela muy parecida a la leche de soya en sabor). Mexico tenía más para explorar y yo ya no tenía más tiempo.

El día siguiente lo usaría para la playa. Mirando al mar, del muelle hacia la izquierda estaba repleto de turistas. Del muelle a la derecha no había nadie. Así que mi día lo pasé ahí con lo último del Caribe que podría ver en un buen tiempo. Sé que lo extrañaría.

Mi vuelo salía al día siguiente a las 7 a.m. y tenía que estar en el aeropuerto a las 4 a.m. El aeropuerto de Cancún, de donde salía mi vuelo, estaba a 1 hora de Playa y no había movilidad a esa hora. Por lo que un taxi me llevaría por US $40 más lo que gastar en la noche de hotel o por otro lado podía tomar el último bus que salía a las 7 p.m. de Playa con dirección al aeropuerto de Cancún (que costaba 80 pesos) y pasaría la noche en el aeropuerto. Opción elegida: la segunda.


En el aeropuerto tiré mi mochila como almohada, le insistí a un restaurante que me revelara su clave de internet para estar conectado y entretenido en mi Ipod y a esperar.

A las 7 a.m. salió mi vuelo de Cancún hacía Washington D.C. con escala en Miami. Iría a ver a mis amigos Gabriel y Milagros. Se nos unirían después Armando y Rosellen y estaría con ellos 6 días hasta que mi vuelo saliera para Amsterdam.

62 días de viaje, millón y medio de experiencias. Las cosas se ven distintas a como las vi desdeque inicié el viaje. Me miro ahora y veo el pasado y todo lo que pude vivir en tan poco tiempo. Tendré otro blog como registro de mis futuros viajes y gracias a todos por haber seguido esta aventura!

Un abrazo!
Jow

Caye Caulker, Belice - En medio del caribe


Al pasar al puesto migratorio de Belice, dos afroamericanos nos recibieron hablando ya en inglés. Algo muy extraño y que me hacía observarlos y averiguar sobre sus inicios. Remontándome a la época en que los conquistadores españoles no pudieron colonizar Belice debido a la fuerza maya en esta parte de la región que se los impidió. Ingleses y escoceses se asentaron en la zona alrededor del siglo XVII para explotar la madera de la zona. España les permitió este asentamiento a cambio de su compromiso de controlar la piratería de esa época. Para la explotación de madera, los ingleses trajeron esclavos de África, y para 1800 la población esclava cuadriplicaba a la población inglesa. Belice entonces pasó a ser una colonia de Gran Bretaña y se independizó recién en 1981. Por estas razones, todo lo que estaba viendo en esos momentos tomaría sentido. Ahora con la inmigración latina, muchas de las personas en Belice hablan inglés y español. La mayoría son afroamericanos pero se ven muchos latinos también. Si se ven ingleses? quizás los turistas.

Pasando la frontera estaba la estación de taxi, que precio turista cobraba 10 dólares beliceños por persona, lo redujimos a 4 por persona. Nos llevó al pueblo más cercano a 10 minutos en donde por B1.00 nos llevaría a San Ignacio. La ciudad más cercana, barata y segura donde quedarnos.

Luego de 45 minutos llegamos a San Ignacio. Belice me dio la impresión de estar abandonado. Casas antiguas de madera humildes, poquísimos autos particulares, y muchos campos eran característicos de este trayecto. En San Ignacio parecía que habíamos dejado los precios de Centroamérica y estábamos en una dimensión desconocida. Cómo un país "aparentemente" tan pobre podía ser tan caro? Lo más barato de una noche fue un cuarto de hostal por B$50 (rebajado al máximo y a duras penas de B$60) que repartido entre Richard y yo sería US$12.50 cada uno. En San Ignacio no teníamos nada más que hacer que pasar la noche, porque las 3 horas que nos llevaba viajar a Belize City serían en vano, ya que llegaríamos muy tarde para encontrar un water-taxi que nos llevara a Caye Caulker y Belize City por su alto índice de inseguridad, preferíamos evitarlo al anochecer.

A la mañana siguiente, hicimos lo que tuvimos que hacer. B$7 a Belize City y B$25 (ida y vuelta) a Caye Caulker hicieron que llegáramos a las 1:00 p.m. a Caye Caulker. Esta isla en el mar Caribe, es la típica isla de arena blanca y mar turquesa. Pero el mar no se puede disfrutar por el exceso de grass marino que existe en esta parte. Existen alternativas de playas más bonitas en Belice como en Dangriga o Ambergris Caye, pero son paraísos para otros presupuestos.

Los días eran relajantes en Caye Caulker, entre música, playa, sol, pistas de arena sólida (con el mismo encanto de Colán, Piura - Perú), con una onda de turistas que a veces era un exceso. Pasamos un día en relax. Al día siguiente había decidido hacer una de las atracciones máximas de Caye Caulker, hacer snorkel entre manta rayas. El tour de medio día costaba B$40 (US $20). La experiencia de nadar y ver tan de cerca a las rayas fue algo increible y valió la pena lo pagado. Luego había dos paradas más para hacer snorkel entre corales y peces. Fue como ser parte de una fauna marina que tantas veces había dejado de lado y no había observador, pero simplemente maravillosa y diversa.

Regresamos como a la 1 p.m. para almorzar y fui al sitio que el día anterior para el almuerzo había descubierto. El el mejor restaurante de Caye Caulker: Bueno, Bonito y Barato. El Pirata frente a Popeyes. Un inmenso plato de pollo al grill por US 5, acompañado de arroz, frejoles y mucha salsa picante según tu gusto. Este sitio se convirtió en mi hueco para ir a comer mañana tarde y noche.

Al día siguiente dejaría Belice y me dirigiría a Playa del Carmen en México. Los días se me acaban y mi vuelo para Washington D.C. saldría en 3 días. Así que adelante.


































Tikal, Guatemala - Más cerca a los Mayas


Salí de Antigua en la tarde regresando de ver a Maximon y lo mejor era tomar el bus a Guatemala City. El chicken bus lo tomé en la estación del mercado en donde en 1 hora llegué a Guatemala City. Ya que el bus me dejaba más lejos de la estación de buses a Flores, pregunté donde me debía bajar y fue en el mall Tikal Futura en donde me bajé y encontré dos señoras que buenamente se ofrecieron a tomarme un taxi y negociar un buen precio. 23 quetzales a la estación de buses y 8 horas después de camino llegué a las 6 de la mañana a Flores, isla ubicada en el lago de Petén Itzá. Al parecer llegué muy temprano al hospedaje "Amigos" siendo bueno, bonito y barato estaba lleno pero a las 9 a.m. ya tendrían una cama lista para mí. Este hospedaje es el ensueño de todo mochilero. Una noche costaba 5 dólares en cuarto compartido, los desayunos y platos muy bien servidos no pasaban los 30 quetzales (4 dólares) porque el resto de la isla tenía lamentablemente precio "turista".

Ese día me dediqué a dar unas vueltas por la isla y explorar la playa cercana en la costa de enfrente llamada San Miguel. Lo particular de esta exploración fue el camino ya hecho que te lleva a un fascinante mirador y luego te conecta con esta tan relajante playa. La entrada a la playa es 4 o 5 quetzales (muy legal porque te dan tu recibo) y por esta cantidad vale la pena sentarte en el muelle para disfrutar y conectarte con la naturaleza.





El día siguiente estaba dirigido para Tikal exclusivamente, pero queriendo ver un medio de transporte más barato que el que ofrecían en Flores (60 quetzales ida y vuelta - 50 quetzales sólo ida) me fui al pueblo de enfrente llamado Santa Elena y a buscar su terminal de buses. 25 minutos de caminata y empapado de sudor llegué a un no tan limpio mercado en donde en el centro de él estaba la terminal de buses. Buses para Tikal nunca aparecieron, pero al preguntar alrededor me confirman que el pasaje de ida costaba 40 quetzales, lo que hacía 80 en total. Regresé con la esperanza de conseguir un bus en flores que me llevara a esa hora, que ya eran las 11 a.m, a Tikal. Pero ya era demasiado tarde. Solución: Día libre en la playa.



Esa noche llegó un amigo que había conocido en Antigua: Mitad mexicano, mitad estadounidense, Richard ponía la nota rosa al viaje. Se nos unió una chica danesa muy divertida y entretenida llamada Tina. Ella venía de Belice y viajaba ahora por Guatemala. Esa noche, un par de cervezas (otra vez?) nos acompañaron. Al día siguiente Richard y yo iríamos a Tikal en la mañana pero sin retorno. Directamente de Tikal entraríamos a Belice.




La mañana siguiente nos levantamos a las 4:30 a.m. para coger el primer bus que salía a las 5 a.m. que llegó como a las 5:30 y luego fue a tanquear gasolina. A Tikal llegamos como a las 7:00 a.m. Compramos los tickets que nos costaron US $20 aproximadamente y nos dirigimos a explorar esta ciudadela Maya. La altura de las pirámides es increíble. Han habilitado escaleras para que la gente pueda subir a ellas. Lamentablemente la conservación de estas pirámides no es la mejor del caso y muchas partes están cerradas al público. La exploración nos llevó aproximadamente 3 horas y media y luego de conocer todo el lugar nos dirigimos hacia la parada de buses. La solución era tomar un bus que por 40 quetzales nos llevaría a la intersección donde se toman los buses a Belice.



En esta intersección pasó un mini bus tipo combi, llena pero con dos sitios libres atrás. La tomamos por 25 quetzales, pero esta vez por primera vez mi mochila subió a la parrilla. Para este entonces ya nos habíamos quedado sin quetzales y teníamos sólo dólares, por lo que esperábamos cambiar en la frontera.

1 hora y media después llegamos a la frontera llamada Melchor de Mencos y al bajar del bus 2 cambistas nos abordaron. Mientras cambiábamos los dólares a dólares de Belice (2 dólares de Belice hacen un dólar estadounidense) me di cuenta que había olvidado pedirle mi mochila al chofer y la combi ya se había ido! El cambista me dijo que la combi paraba en el parque que estaba como a 200 metros en línea recta, con las mismas, inicié la carrera de mi vida con el fin de alcanzar a la combi. 3 minutos después, con los pies calientes, sin aliento y con la esperanza de no quedarme usando el mismo calzoncillo, encontré al bus y tenían mi mochila esperando por mí. Richard se había quedado cuidando mi mochila pequeña que es donde guardo mi pasaporte, ipod, documentos y todo lo que verdaderamente me dolería perder.

Cruzamos por el puente que pasa sobre el río que separa Belice de Guatemala. Impuesto de Salida (sin recibo tipo cutra) de Guatemala (10 Quetzales). Caminamos 30 metros hasta la oficina de migraciones de Belice. En unos minutos estaríamos ya dentro de un país con un idioma completamente distinto al de latinoamérica: inglés.