Tomamos el bus hacia David durante la noche (El bus salía a las 12:00 a.m.). Habían dos servicios: Expreso de 5:30 horas y normal (bus de escuela estadounidense) por 7 horas. La comodidad nos exigió tomar el bus expreso. Yo aún no entiendo cuál es la obsesión que tienen desde Colombia con el aire acondicionado. El frío fue demasiado pero aunque ya preparados esta vez, igual se sentía fuerte a mitad de la noche. El bus nos dejó en David, la segunda ciudad más importante de Panamá a las 5:30 a.m. Ahí hicimos trasbordo a otro bus que nos dejaría en Boquete.Boquete es una ciudad a 1000 m.s.n.m en la provincia de Chiriquí. El atractivo de esta ciudad es la naturaleza que la rodea y la tranquilidad de una ciudad de campo.
Al llegar a Boquete, desayunamos en un restaurante en la plaza principal por US $2.50 o (B/. 2.50 balboas que es la denominación panameña para los dólares). En este restaurante averiguamos si las alternativas que nos ofrecían los tours caros podían ser visitadas por nosotros mismos con transporte público. La repuesta fue positiva, así que organizamos el día.
Conseguimos alojamiento en la casa de la señora Sarah y su perro "Obama" (hermana de una mujer taxista que conocimos en el restaurante), nos cobró US $3.00 por la noche a comparación de los hospedajes que estaban en US $10. La señora nos dio instrucciones para ir a las aguas termales que quedaban en un pueblo vecino llamado Caldera. Las instrucciones eran las siguientes: Tomar el bus desde la plaza de Boquete en dirección a David. En la entrada a Caldera tomar un taxi o caminar 10 minutos y ahí están las aguas termales.
Seguimos las instrucciones al pie de la letra y tomamos el bus hacia David y nos bajamos en la entrada para Calderas. Como se trataba de una caminta de 10 minutos, decidimos hacerla. Empezamos a caminar, ver el paisaje y a conversar. Luego de un rato, nos percatamos que habíamos caminado ya más de media hora y las aguas termales ni se asomaban. Caminamos 15 minutos más hasta que encontramos a quién preguntarle en la desolada carretara. Un guardián de un condominio nos dijo la dura verdad: Desde el punto en el que estábamos tendríamos que caminar 30 minutos más hasta llegar a la entrada hacia las aguas. Una vez en esta entrada, debíamos 25 minutos más hasta llegar a las aguas termales. Pues, ni modo, a pedir Jale!!! El primer carro que pasó nos ignoró con roche. El segundo carro que vino, paró bondadosamente y era un taxista que nos ofreció llevarnos hacia la entrada a las aguas que justo iba a recoger a unos panameños nativos. Por supuesto que fue un jale y no nos cobró ni un solo balboa.
Una vez en esta entrada vimos una camioneta de un ingeniero que trabajaba en la hidroeléctrica en proyecto quien nos jaló hasta la mitad del camino. De ahí ya no había más autos y caminamos 10 minutos más hasta llegar a las aguas termales, donde pagamos 2 balboas por ingreso. Empezamos en buscar el río para bajar la temperatura por la larga caminata, pero no contaba con que el agua del río tenía una temperatura más que helada: congelada. Una mojadita de pies alivió el calor. Vania sí pudo meterse unos segundos y luego los siguientes se calentó bajo el sol. El siguiente paso fueron las aguas termales. Vania también se metió, yo decidí quedarme afuera, al parecer no era mi día de mojarme porque tampoco me metí.
Para regresar, empezamos a buscar un aventón. Justo conocimos a un turista de Santa Lucía que luego de una conversación nos ofreció voluntariamente a dejarnos en Boquete. Él estaba en un tour de una sola persona en un auto con espacio suficiente para mí, Vania, él, el guía y el chofer.Ya en boquete volvimos al mismo restaurante del desayuno (Central Park) y ahí dentro nos agarró una lluvia imparable. Luego de terminar de almorzar, conversar un rato y aburrirnos de esperar que la lluvia se fuera pero que neciamente se quedaba. Tomamos una camioneta-taxi por 1 balboa a la casa de la señora Sara quien como buena anfitriona nos esperaba con paraguas por la lluvia. Entramos al cuarto donde el colchón nos llamó para una siesta. Eran las 4 p.m. y la lluvia había cancelado el resto del recorrido a unos jardines aledaños y una finca cafetera. El resultado de la siesta para mí fue dormir hasta el día siguiente, aunque Vania sacó fuerza para irse a cenar en la noche y conocer unos australianos que llevaban la misma ruta que nosostros.
Al día siguiente nos levantamos temprano, desayunamos en el Central Park y tomamos el bus para David. Nuestro siguiente destino sería: La ciudad de Bocas del Toro en la isla de Colón en el Mar Caribe.




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