Desperte a las 7:50 a.m. corriendo a la ducha porque el hotel en Tegucigalpa en el que me quedaba sólo tenía agua caliente de 6 a 8 de la mañana. Conseguí bañarme y me alisté para salir.Tomé un bus de la compañía La Sultana que por 85 lempiras (4.25 dólares) me dejaría en la pasada de La Guama, un pueblo pequeño que era conexión para varios destinos. 3 horas de camino desde Tegucigalpa a La Guama y ya estaba en mi destino. Sorpresa mía, sólo cargaba 50 lempiras en la billetera (2.5 dólares) y no había cajero automático en este pueblo. Solución: Me acerqué donde una señora muy encantadora que tenía un restaurante, su nombre era Rosa. Me aconsejó que vaya al pueblo cercano de Santa Cruz de Yojoa en donde había un banco con cajero automático. Era domingo y no podía hacer mucho. En caso este plan fallara, a unas cuadras del banco estaba la pollería El Poultry con cajero automático.
Dicho y hecho, enrumbe en una combi (o busito) hacia Santa Cruz. Llegando al cajero del banco me di con la sopresa que por cuestiones del destino o de ineficiencia y falta de control, éste estaba fuera de servicio. Así que la pollería no podía fallar. Llegué a la pollería con un calor del demonio y con los pies calientes. El cajero sí estaba operativo. Retiré plata y regresé a La Guama.
Ya en La Guama tenía dos opciones donde alojarme: El hotel Aguazul (caro y no tan bueno) y uno que no estaba en mi guía pero que Natalia (mi amiga de Ometepe) me había recomendado y era bueno, bonito y barato: El Cortijo. Llegué en un bus que por 7 lempiras me dejó en la entrada de El Cortijo.Realmente el turismo ha decaido por los problemas entre Zelaya y Micheletti. El hotel estaba solo para mi. El Cortijo es un hotel que lo lleva una señora hondureña y su esposo estadounidense. Le doy 5 puntos desde la atención, calidez y servicio. La comida era excelente. Por un momento quise quedarme más días porque la estaba pasando como en casa, pero el deber manda.
Esa misma tarde después de almorzar decidí explorar el lago y no se me ocurrió mejor idea que tomar una balsa y remar hacia una isla cercana.
Mientras remaba y me acercaba al centro del lago, éste se puso agresivo y me movía la balsa de lado a lado. Terco, yo no iba a ceder y tenía que llegar a la isla. Pasé así una hora remando hasta que llegué a la isla, pero detrás mío llegaban nubes de lluvia y truenos. Mi meta había sido cumplida, pero mi estadía en la isla no podía ser muy larga. Exploré lo que pude en 10 minutos y con las mismas regresé antes que me agarrase la lluvia.
Fue impresionante, cómo el lago ya se había calmado, pero las nubes se acercaban cada vez más y tapaban el sol. Se sentía correr el viento y algunas gotas gruesas empezaban a caer. Fue aún más impresionante cuando supe que la tormenta me iba a alcanzar tarde o temprano y aún estaba yo lejos. Pero la impresión máxima fue ver a lo lejos cómo gotas de lluvia densas que cubrían parte del paisaje a mi izquierda, avanzaban velozmente hacia mí. Era como estar visualizando una explosión que viene hacia ti rápidamente y no tienes escapatoria. La tormenta me atrapó. La cámara y mi guía las había puesto debajo del chaleco salvavidas y a su vez debajo de mi camiseta. Estaban protegidas. La tormenta duró 20 minutos y me empujó más allá de la entrada donde debía haber llegado para entrar al hotel.Preguntando a unos pescadores que me encontré en el camino, me señalaron la dirección en la que estaba la entrada para seguir remando hasta el hotel. Pasaron minutos y minutos mientras remaba, no encontraba la entrada. La tarde avanzaba y oscurecía. Finalmente me cogió la noche. No hubo más que pude hacer.
Remando en la noche me acerqué a una orilla iluminada en busca de alguien que me pueda ayudar. La orilla a la que llegué estaba iluminada, pero la casa detrás estaba abandonada. A lo lejos vi luces de linternas pero en la mitad del lago, ahí asumí que me estaban buscando.Las linternas eran débiles y no podía llegar a alumbrarme, así que remé para acercarme más a ellos sin alejarme mucho de la orilla. Pensaba que hubiera sido excelente haberme comprado una linterna y alumbrarlos para que me vieran, pero por obra de mi ingenio se me ocurrió usar el flash de la cámara para que me vieran. Casi gasté todas las baterías en enviarles "flashes" para que me vieran, traté disparar al agua, disparar al mango de aluminio del remo para que refleje y lógicamente también disparar a ellos. Era inútil, estaban muy lejos para verme.
Pasó una lancha más grande cerca de mí y ya sin baterías para disparar más flashes, empecé a hacerles señales con la pantalla de la cámara. Finalmente me vieron y me alumbraron. Eran John, el dueño del hotel y su ayudante. Jamás me sentí tan bien y tan importante. Les agradecí termendamente el rescate. Lo peor que hubiera podido pasar es que haya tenido que pasar una noche en el lago hasta que amaneciera al día siguiente y poder buscar la entrada hacia el hotel.
Esa noche, ya rescatado y relajado, cené y me fui a dormir. El día siguiente sería un día también muy intenso.
Me levanté a las 8:30 y me fui al pueblo de Peña Blanca (a 20 minutos de El Cortijo y a 12 lempiras). En Peñas Blancas debía tomar un bus hacia la catarata de Pulhapanzak, una de las mayores atracciones de Yojoa. En el paradero de buses me encontré con dos amigos ingleses: Camilla y Davud (finalmente no me sentía el único turista de Honduras). Con ellos fuimos a las cataratas y por 100 lempiras (5 dólares) tomamos el tour que nos llevaba dentro y debajo de la catarata de 43 metros de altura. Fue indescriptible y ojalá hubiese tenido una cámara acuática porque el saltar de rocas hacia piscinas formadas por la cascada, meternos en cuevas detrás de la cascada y ver desde abajo la caída de agua fue increible.
Regresamos a Peña Blanca para regresar a La Guama y tomar un bus que me dejase en la entrada de la siguiente atracción: Las Cuevas de Taulabé. Son 300 metros de cuevas naturales que se abren paso dentro de una montaña. El recorrido fue muy corto, me hubiese gustado ver más de estas cuevas.Regresé al hotel y nunca fui mejor atendido. Pedí de cena un pollo cocido con legumbres y tortillas y me regalaron una torta de piña con coco de postre. Me puse a ver una película que nunca veré de nuevo por lo mala y estúpida que es: V of Vendetta. No recomendable.
Al día siguiente iría a la ciudad de Copán Ruinas a visitar una de las ruinas mayas más importantes de Honduras.




















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