martes, 14 de julio de 2009

Hacia San Juan del Sur - La Odisea de la Frontera y las tortugas marinas

Esa manaña despertamos a las 3:30 a.m. para tomar el bus de las 4 que saldría desde Santa Elena hacia La Junta, en donde tomaríamos un bus hacia el empalme de La Irma. En esta parada, pasaría nuestro bus de Transnica con destino a Managua en el cual pasaríamos la frontera entre Costa Rica y Nicaragua.
Nuestro destino era San Juan del Sur y el bus que nos recogería estaba programado para parar en este empalme a las 7:30, pues a las 7:15 pasó el bus a 100 Km/h ignorándonos completamente. Lo único que pudimos hacer fue llamar y reclamar a la agencia donde habíamos comprado los pasajes, pero esto tampoco fue tarea fácil porque muchos de los teléfonos en Costa Rica no funcionan a monedas, sino que uno debe tener su tarjeta para llamar desde ellos. Pues dónde conseguir tarjeta? La compré en la estación de gasolina frente a nuestro paradero. Llamé pero el número "no existía", así que tuve que llamar al 113 (parecido al 103 en Perú) en donde me explicaron que había que anteponerle un 2 al número que tenía registrado en mi ticket. Llamadas entre mi teléfono público y la agencia donde compré el pasaje fueron y vinieron para finalmente recibir unas disculpas, el reembolso de un ticket a mi tarjeta de crédito y 5 horas de espera más hasta que pasara el siguiente Transnica. Vania, quien no había comprado aún su boleto, avanzó para abrir camino hacia la frontera, mientras que Kalye, Dax y yo nos quedamos.
Fuimos a hacer tiempo al pueblo de La Junta hasta que dio la hora y regresamos a esperar el bus nuevamente. Lo abordamos y nos dirigimos a Peñas Blancas: La Frontera. Peñas Blancas es una frontera muy particular y "exigente" por toda la burocracia que la caracteriza. Se dice que si uno la cruza solo puede tardar más o menos dos horas y si se cruza en un bus internacional como Transnica o Ticabus puede ser un poco más rápida. Nosotros la cruzamos en una hora. Salir de Costa Rica y sellar nuestros pasaportes fue fácil, pero entrar a Nicaragua y llenar 3 formularios de entrada no lo fue tanto. Primero subieron dos doctoras a recoger unos papeles que habíamos llenado para detectar síntomas de gripe A, que por supuesto fue más rutina que control. Luego nos bajaron a todos los pasajeros del bus y recogiendo todas nuestras maletas, mochilas y maletines, debíamos hacer cola ante un escritorio afuera de un edificio para revisarnos las cosas. Nuevamente fue más rutinario que un control. Abriendo el cierre y mirando sin ganas de buscar nada dentro de mi mochila y maletín me dijeron que pasara. El pasaporte se lo había llevado el asistente del chofer en el bus para sellarlos. Luego una persona de migraciones vendría a devolvérnonslos llamándonos uno por uno como en una lista de una clase escolar. 90 días de estadía en Nicaragua fue lo que me dieron.
Luego de perder el tiempo en la entrada a Nicaragua de manera tan grosera, nos dejaron en la entrada a San Juan del Sur, en donde tomamos otro bus que nos dejó en esta pintoresca playa turística del Pacífico. Ya en Nicaragua debíamos usar otra moneda: El Córdoba. 20 córdobas equivalen a un dólar estadounidense. San Juan del Sur es una tranquila ciudad del sur (valga la redundancia) de Nicaragua que está en el Pacífico. La tranquilidad que se respira acá te embarga de pies a cabeza. Gente sentada con sus sillas en la calle conversando sobre cosas cotidianas, restuarantes (o sodas como las llaman en Nicaragua) para ofrecer comidas típicas a los turistas, calles de adoquines de piedra, calor moderado y una pequeña playa con mar azul y barcos de pescadores por doquier. Esa tarde que llegamos, Vanía había conseguido ya hospedaje con baño privado para 4 por US $8.50 cada uno, lo averiguamos cuando fuimos a chequear mi correo en una cabina de internet. Fuimos al hospedaje Joxi a verla y dejar nuestras cosas.
Esa noche nos fuimos a cenar a un restaurante frente al mar y me pedí un ceviche nicaragüense. Pescado en dados con limón, chile dulce y un paquete de galletas Club Social fue lo que me dieron. No estuvo mal, pero me por un instante extrañé los ceviches piuranos y peruanos.
A la mañana siguiente fuimos a bañarnos al mar y disfrutar del día. Vania ya tenía una nueva amiga española: Milena quien viajaba sola desde hacía una semana y lo haría por 2 meses más antes de regresar a su país. Milena regresó a su hospedaje antes de la 1 porque debía ir a Playa El Coco a explorar más la zona. Vania y yo nos quedamos sobre la arena hasta las 3 p.m. (Dax y Kalye había ido en un tour donde les enseñarían cómo surfear). Esa noche fuimos por unas inocentes cervezas a la playa, lo que sin saber se convertiría en nuestra primera juerga en Nicaragua.
Para el día siguiente ya habíamos decidido dejar San Juan del Sur e irnos a Ostional, un pueblo a 1:30 horas en bus ya casi en la frontera con Costa Rica en donde tortugas marinas llegan a poner sus huevos. Camino a este pueblo y en la parada de Playa El Coco nos encontramos a Milena quien iba de camino a Ostional, subió al bus y se nos unió a la aventura. Llegando ya a Ostional encontramos una cabañita en casa de un amable señor llamado Salvador quien vivía con su esposa e hijo. Aparte de alojarnos, nos explicó que él trabajaba en el proyecto de tortugas marinas con una ONG la cual compraba los huevos de tortuga a un precio mayor que el mercado local para evitar que depredáramos esta especie. Los lugareños esperaban que las tortugas salieran del mar, las tomaban cargadas y las llevaban a 50 metros de la orilla, dentro de los límites de una finca para que pudieran colocar sus huevos. Esto cada noche, pero no todas las noches llegaban tortugas. El plan fue el siguiente: Estaríamos hasta las 9 p.m. en El Ostional esperando la llegada de tortugas, y si esto no pasaba, nos iríamos al refugio silvestre de Playa La Flor que era el lugar donde llegaban más tortugas a anidar (a 20 minutos de El Ostional). Salvador nos llevaría en su camioneta por US $3 cada uno.
Esa noche, ni en El Ostional, ni en La Flor tuvimos suerte de ver una tortuga. Regresamos tristes pero con la cara en alto. Vania y yo que nos quedaríamos un día más a ver si veíamos tortugas en El Ostional.
El día siguiente fue de relax entre conversaciones, comidas, playa y mucha lluvia. Ya a finales de la tarde, habíamos cambiado de hospedaje porque Salvador tenía ya reservadas sus cabañas. Fuimos a la casa de la Señora Alicia que por US $5 la noche (precio negociado con el compromiso de no decirle a nadie en el pueblo que eso era lo que pagábamos) nos dio cuarto y baño en una casa sólo para Vania y para mí. En la noche fuimos a la playa a esperar que alguien llevara una tortuga cargada en hombros, pero no sucedió. Eran ya las 10:30 p.m. y gotitas de lluvia había empezado a caer sobre nuestras cabezas. Teníamos que regresar antes que nos empapara la lluvia. Bueno, nos mojó a medias porque nuestros paraguas pudieron evitar que la lluvia nos mojara la mitad superior del cuerpo. Al día siguiente regresamos en un bus a las 7:00 a.m. con destino a San Juan del Sur y luego a Rivas. Nuestra siguiente parada sería la isla de Los Volcanes de Ometepe en el lago de Nicaragua.











































































































































































































































































































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