lunes, 27 de julio de 2009

Suchitoto, El Salvador - Con una historia revolucionaria

A pasar la frontera se ha dicho, y no será la frontera más próxima, sino la menos próxima: La de El Salvador. El trayecto iniciaría a las 6 de la mañana cuando abrí los ojos para con las mismas salir y tomar el bus, y terminaría a las 6 de la tarde en Suchitoto cuando ya estaba colocado en el hospedaje.


La ruta que seguí fue regresar de Copán Ruinas a La Entrada y luego tomar un bus hacia Santa Rosa de Copán y de este nuevo punto debería enrumbar hacia Nuevo Ocotepeque (nombre que me costó un poco recordar sin ayuda de la guía). De Nuevo Ocotepeque finalmente debía tomar un taxi por 3o lempiras (repartidas entre 3 personas) hacia El Poy: la frontera con El Salvador. Ya en este punto me había encontrado con una pareja de ingleses que se unieron a nuestro bus.


En Nuevo Ocotepeque quise cambiar mis últimas lempiras a dólares, y nunca he visto tanta burocracia de llenar formularios en máquina de escribir, firmas y anotación de la serie de los billetes que hacían 40 dólares. Todo el proceso de cambio fue de 20 minutos (sin incluir las colas).

Cruzar la frontera fue la experiencia más amena, por poco y nos abrazaban para darnos la bienvenida. Los Salvadoreños nos daban sus primeras muestras de hospitalidad. En la misma frontera había buses directos hacia San Salvador. Mis nuevos amigos ingleses irían hasta allá en un trayecto de 3 horas y media mientras yo me bajaría en la ciudad de Aguilares para tomar un bus a Suchitoto.

Luego de 2 horas llegué a Aguilares, y fui en busca de los buses para Suchitoto, que en 45 minutos me dejaron en esta ciudad colonial con tanta historia. Las casas coloniales, las calles de piedra y la atmosfera de paz y tranquilidad que rodea esta ciudad, no fue lo mismo hace 20 años cuando el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional estaba en su apogeo y se llevaba a cabo la guerra civil en El Salvador. Suchitoto era entonces la cuna de la violencia, que provocó que casi el 90% de la ciudad abandonara sus casas y escogiera nuevos sitios para vivir. Ahora, con nuevos habitantes y con un gobierno de izquierda, Suchitoto es uno de los destinos preferidos por muchos turistas.
Ahora en Suchitoto había una cruzada en contra de la violencia hacia las mujeres, es por eso que en cada casa que estuviera a favor de la campaña, dejaba que se pintara el logo de la cruzada en su fachada en señal de apoyo.

El hospedaje que encontré por US 7 (en El Salvador se usan dólares estadounidenses) los que rebajé a 6 era bastante rústico y acogedor con la señora Conchi a cargo. Excelente anfitriona, conversadora y muy engreidora me ubicó en mi cuarto. Este hospedaje tiene una vista excepcional al lago en la que se puede disfrutar muchísimo de otro lado de Suchitoto.
Esa noche la pasé muy tranquilo con mi nuevo amigo Coco, mitad salvadoreño, mitad gringo quien había venido de visita. Me llevó al bar izquierdista más grande de Suchitoto: El Necio. Entre fotos del Che Guevara y banderas de muchas partes del mundo tomamos algunas cervezas y nos dirigimos a casa.



Al día siguiente decidí hacer una expedición por algunos lados de la ciudad. La catedral en reconstrucción con la ayuda de un proyecto internacional, el museo Alejandro Cotto (cineasta salvadoreño) cerrado porque Alejandro se había caído ya a sus 70 años y lo había llevado a El Salvador y el museo que a la vez era su casa, estaba cerrada. Calles empedradas, negocios típicos, parques con vista al lago fueron mi entretenimiento ese mismo día hasta que cayó la noche y a las 10 p.m. ya estaba durmiendo (al parecer me había acostumbrado al toque de queda de Honduras).

Ya mi tiempo en Suchitoto había acabado y a la mañana siguiente tenía una visita a la cascada de Los Tercios. 20 minutos caminando fuera de la ciudad me llevaron hasta las cascadas, no mucho por hacer ya que no se puede ingresar al río ni mucho menos ver la cascada directamente. Hay que escalar por unas piedras, pero es interesante ver cómo el agua ha erosionado las piedras en la caida que al parecer estan perfectamente pulidas.


Ya de regreso en Suchitoto me despedí con pena de la señora Conchi y fui al paradero a esperar mi bus a Aguilares y luego ir a San Salvador para tomar un bus directo hacia la ciudad de Guatemala y luego enrumbar a Antigua de ser posible ese mismo día.

















































































































































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