miércoles, 8 de julio de 2009

Santa Elena - Monteverde - Combatiendo mi acrofobia

Después de 5 horas de camino y de ascenso, aproximadamente a las 7 p.m. llegamos a Santa Elena. En la mitad del trayecto, en una de las paradas del bus en algún restaurante, misteriosamente o por gracia juguetona del destino, nos encontramos con una chica canadiense que habíamos ayudado a enrumbar a su destino cuando Vania y yo tomábamos el bus desde Panamá City hasta David. Ella viajaba ahora con Dax, un amigo de su secundaria que había invitado a su viaje por dos semanas.

Llegando a Santa Elena, una noche fresca y varias personas ofreciéndonos hospedaje nos rodeaban. Conseguimos un buen hospedaje llamado El Tucán que fue negociado de US $10 a US $8.00. Estaba muy bien ubicado cerca de la calle principal y su dueño (Tony) fue un excelente host. Nos ayudó a ubicarnos muy bien dentro de Santa Elena, nos recomendó sitios para comer buenos, bonitos y baratos y nos explicó muy pacientemente sobre todas las actividades para hacer en Santa Elena.

Santa Elena es una ciudad muy pequeña con 3 calles principales que forman un triángulo. No pasa mucho dentro de la ciudad, la vida diurna y nocturna se la dan la cantidad de turistas que la visitan por el contacto que buscan con la naturaleza. Muchísimos tours a reservas naturales, jardines de insectos y orquídeas y tours extremos de canopy son las actividades que explotan la magnificencia de este sitio. Si se quiere hacer de todo, se puede, pero es un presupuesto aparte.

Nosotros, decidimos aventurarnos en el canopy. Nuestro paquete de US $40 fue con Monterverde Canopy Extremo, el mejor de la zona ya que tenía 16 cables, 2 "sorpresas" y unao de los cables medía un kilómetro de largo. El horario que escogimos era a las 7:30 a.m.

Esa noche, nos fuimos a comer a un restaurante recomendado por Tony (bueno, bonito y barato). El plato típico de la región es el casado, así que me pedí uno. Arroz mezclado con frejoles, picadillo de papa guisada, queso, ensalada y platanitos fritos fue lo que me trajeron. Me tomé un jugo de naranja con zanahoria. Fue una cena hogareña y acogedora.

Terminada la cena, fuimos hacia el mirador afuera de Santa Elena. Un taxi nos cobró 10,000 colones (20 dólares) a nosotros 4 (Dax, Kaley, Vania y yo) por llevarnos, esperarnos y regresarnos. La vista fue increible, se veía la ciudad de Punta Arenas y el océano pacífico. La luna nos alumbró durante toda nuestra estadía y el aire fresco nos envolvió hasta que decidimos regresar. El día siguiente sería un día para enfrentar los miedos.

Nos levantamos temprano y Tony nos recibió con un desayuno de huevos revueltos, tostadas y fruta. El transporte para ir al canopy vino a recogernos y nos llevó a empezar nuestra aventura. Llegando a las oficinas de canopy, nos recibieron los guías quienes nos colocaron nuestros implementos: casco, guantes, y arnés. Nos dieron las instrucciones y empezó el recorrido.

Los primeros cables fueron cortos y no tan rápidos. Todo nuestro recorrido duró 3 horas aproximadamente entre cable y cable. El estar suspendido en un cable, yendo a velocidad entre cables de 500 metros de largo entre estación y estación, sintiendo la gravedad, la velocidad, el aire en la cara y viendo los infinitos metros hasta el suelo que está debajo de ti es simplemente increible.

Las sorpresas que nos esperaban fueron dos: La primera fue rappelling, el suspenderse de una cuerda y bajar lentamente hacia el suelo a 50 m de altura. La segunda fue el tarzan swing: Demasiado extrema. Mi acrofobia me impidió hacerla. De qué se trataba? Pues simplemente tirarte la vacío suspendido de una cuerda como liana. La insistencia de los guías para desprender mis manos de los tubos donde me estaba agarrando ya amarrado no fue suficiente. Me mantuve firme. Aún no estaba preparado.

Vinieron tres cables más y el último tenía un kilómetro de longitud. Este último colgaba hacia un vacío infinito que en ese momento era atravesado por neblina. No se llegaba a ver ni vestigios de lo que podía ser su final. Sin pensarlo, ya que si pensaba me iba a detener, me lancé. La velocidad alcanzada en ese cable fue increible, me di el lujo de mirar hacia abajo, hacia los lados y ver la distancia a la que me encontraba y mi mente no la asimilaba. Todo iba bien hasta que sentí que había empezado a desacelerar antes de tiempo. Por qué me pasaría algo así y justo en el último cable? Seguro porque no había hecho el Tarzan Swing y Santa Elena me lo reclamaba? Pues la velocidad verdaderamente estaba disminuyendo y aún estaba lejos de mi destino. Finalmente mi polea dejó de girar y yo de avanzar. Me había detenido a 150 metros de mi destino y ya no me movía. El vacío estaba debajo de mí y obviamente no quería mirar más hacia abajo. Los guías, desde la estación me decían que me diera la vuelta para empezar a avanzar por mis propios medios. Duramente me llegué a dar la vuelta y la siguiente indicación que escuché fue que empezara a empujarme con las manos hacia ellos. Duramente empecé a hacerlo pero iba muy despacio. Lo único que esperaba era que el siguiente que iba a ser lanzado por el cable no viniera aún y no me embistiera. Sentí que el cable se movía y uno de los guías se había amarrado el arnés y venía a ayudarme. Me sacó de ahí y llegamos a la estación. Tierra bajo mis pies finalmente!

La adrenalina corrió por nuestras venas incluso hasta cuando ya estábamos en Santa Elena. Fue una experiencia única y disfrutada incluso con el último incidente que me pasó al quedarme colgado sin moverme. Fue algo que definitivamente no me arrepiento de haberlo hecho y que podría estar entre las listas de las cosas más intensas hechas en mi vida.

En Santa Elena fuimos a almorzar y en la tarde llegamos al acuerdo de irnos para Nicaragua al día siguiente. El recorrido sería el siguiente: Iríamos de Santa Elena a La Irma (vía Las Juntas) en un bus que saldría a las 4:30 a.m. En Las Juntas pasaría el Transnica (de San José con destino a Nicaragua) y nos recogería para llevarnos directamente hasta la intersección hacia San Juan del Sur (Playa al sur de Nicaragua). En esta intersección tomaríamos un bus hacia el mismo pueblo.

Esa noche fuimos a comer pizza a un restaurante medio wicho con Dax, Kaley y dos amigos de ellos canadienses que conocimos en el canopy. El mozo, muy atento y como buen anfitrión nos hizo tomar un shot (con él) de un licor de caña que se toma tipo tequila con sal y limón. Vania se quedó esa noche actualizando su blog.

Ya de regreso la recogimos y nos todos a tomar unas cervezas al bar "amigos". No nos quedamos muy tarde porque al día siguiente debíamos salir hacia nuestro nuevo destino: San Juan del Sur en Nicaragua.

















































































































































































2 comentarios:

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