jueves, 25 de junio de 2009

Cartagena! - De vuelta a las Sandalias

Sin equivocarnos, el bus efectivamente de Medellín a Sincelejo fue más frío que un congelador. Pero nosotros ya estábamos preparados: Un polo, una sweatshirt y una chompa de polar fueron mis mejores aliados. Llegamos a las 6:30 a Sincelejo después de viajar bajo tormenta y velocidad. Cuando bajamos, obviamente ya no era necesario tanto abrigo, así que nos despojamos de tanta tela. Compramos inmediatamente el pasaje para Cartagena que salí a las 8:30 y nos fuimos a desayunar al centro de Sincelejo.

Este pueblo es bastante pequeño y no hay mucho que hacer, considerando que a las 7:00 a.m. sólo había un sitio abierto en la plaza de armas en donde por 4000 pesos (US $2) nos comimos unos huevos revueltos con pan y café con leche. De regreso en una mototaxi lineal nos regresamos por 1000 pesos (US $0.50) a la estación de buses en donde abordamos nuestro bus (coaster), ahora ya con aire acondicionado decente y con dirección a Cartagena.

3 horas después, llegamos a Cartagena y el calor era máximo, húmedo y fuerte. En la terminal llamamos a los hospedajes y conseguimos uno en la zona de Bocagrande llamado Northstar Backpacker (zona moderna de Cartagena). Los cuartos compartidos estaban en 18,000 pesos (US $9) y sólo tenían ventilador y las que tenían aire acondicionado estaban a 22,000 pesos (US $11). Por supuesto que el agua caliente era irrelevante.

Ya instalados y bañados para bajarnos la temperatura corporal, nos fuimos al club náutico a buscar un velero que saliera hacia Panamá. Nos dirigieron con el Capitán Hernando Higuera quien nos explicó el recorrido, nos enseñó su velero y por US $350 nos llevaría hasta San Blas en una travesía de 2 días en altamar y 3 días en las islas de los Kunas (cultura indígena que habita en estas islas). Luego de evaluar la propuesta, aceptamos ir con él. El velero saldría al día siguiente por la noche.

Fuimos a almorzar a Getsemaní (el centro histórico de Cartagena) y luego a dar vueltas por la pintoresca ciudad. El calor no es un impedimento para disfrutar de la colonial y pintoresca Cartagena, más bien es parte de su atractivo.

Esa noche, regresamos al hotel y conocimos a Mariano y Cristina, dos hermanos argentinos que habían decidido viajar y conocer Colombia por 1 mes. Ellos fueron nuetros compañeros de habitación. Vania quería bailar desesperadamente salsa en Colombia y como estábamos a puertas de dejar el país, decidimos acomopañarla porque era un poco vergonzoso decir que no había bailado salsa en Colombia pero sí en Quito.

Salimos en un taxi hacia un lugar que se llama Quiebracanto, el lugar estaba practicamente vacío. Sólo una pareja de señores bailaba en la vacía sala. Nos pedimos unas cervezas e intenté bailar salsa aunque puedo decir que soy mejor bailando merengue, los movimientos de salsa no han sido asimilados aún por mi sistema locomotor. El lugar solitario se nos quedó aburrido y decidimos buscar otro. Era miércoles por la noche y no había mucho que hacer en Cartagena. En a búsqueda de otro lugar para bailar por la zona, se nos acercaban mujeres locales diciéndonos: "Amigo, tengo todo para la rumba, absolumtanente T-O-D-O". Claro que ya sabíamos los conceptos que podía abarcar esta palabra, pero seguimos caminando alrededor de la manzana hasta que escuchamos música a lo lejos. Seguimos la música que salía desde una puerta en la que varias personas nos decían que entráramos. Entramos y la música electrónica ya me parecía familiar. Viendo alrededor habían chicas bailando con chicas y hombre bailando con hombres. Nos miramos a las caras y ya podíamos entender dónde habíamos terminado. Estábamos en una pequeña representación de Cartagena gay. Nos dejamos llevar por la música, pedimos unas cervezas y estuvimos bailando un buen rato, hasta que el punchis-punchis del ritmo nos empalagó y decidimos ya regresar al hospedaje.

Al día siguiente, nos levantamos y nos fuimos a bañar al mar. Era la primera vez que entraba en contacto con el mar Caribe. Siempre creí que era una exageración cuando me decían que el mar era caliente, pero efectivamente era así. El agua estaba por lo menos a 32°C y la temperatura que teníamos afuera era de 35°C. El mar verde y turquesa, transparente y tranquilo fue una buena terapia antes de la experiencia que se nos venía: 5 días en velero.

Luego fuimos a comprar frutas, snacks y agua para el viaje que tendríamos. A las 5:00 p.m. llegamos al club náutico, colocamos nuestras cosas en el velero, ayudamos con unos últimos arreglos en especial de víveres. Trajeron el Diesel y finalmente ya estábamos listos para partir. Nuestros compañeros de viaje: Matt y Jamie, una pareja de ingleses con quienes pasaríamos 5 días en el caribe y varias aventuras.


































































































































































































































































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