jueves, 25 de junio de 2009

Medellín y Botero

9 horas nos Separaron de Bogotá y Medellín, pero un viaje muy gélido. Aunque no frío por la temperatura del exterior durante el trayecto, sino gélido por la intensidad del aire acondicionado que el chofer había puesto al bus. Al parecer la gente ya estaba preparado porque con sólo levantar un poco la cabeza, TODO el bus estaba cubierto con sus sábanas polares extra gruesas. El frío era incluso mayor al que hacía afuera en Bogotá, así que la ropa que llevábamos puesta, no fue suficiente. Dos solicitudes de bajar el aires ayudaron temporalmente, porque luego de unos minutos, volvían a colocar el aire.
Llegamos a las 8:30 a.m. al terminal de buses de Medellín, bajamos y mientras el hielo adherido a nuestra ropa se derretía, recogimos nuestras maletas y nos metimos a una cabina de inernet dentro del terminal para buscar hospedaje. Nuestros amigos en Cali nos recomendaron la página http://www.hostelworld.com/. Página muy buena en donde salen reviews de los hostales y precios de los cuartos. Después de llamar a algunos, encontramos uno muy llamativo: Casa del Sol. Pedimos cuartos compartidos con otros viajeros.

Esa misma tarde, luego de reponer energías, empezó a llover fuerte. Vania y yo cogimos nuestros paraguas para la lluvia que compramos en Bogotá por 5000 pesos (US $2.5) y nos lanzamos a la aventura a buscar un lugar para comer. Una sopa de pastas (de fideos) y un arroz con frejoles y pollo a la plancha, con un jugo de mora fue lo que comimos ese día. Luego del almuerzo y aún con la lluvia, regresamos al hospedaje para hacer un poco de vida social.

Ya en la noche, fuimos a dar una vuelta con Noam, un chico de Israel que ya estaba en las últimas semanas de su viaje y que había estado por Sudamérica viajando. Fuimos a dar vueltas por la ciudad, tomar unas cervezas y a comer una super-hiper-archi-gigante hamburguesa doble con huevos duros de codorniz y salsa de piña (típica en Colombia). La hamburguesa fue tan grande que me sorprendió no podérmela acabar. Claro que para acompañarla cayó bien una Postobón de Manzana (la bebida nacional). Esa noche regresamos a dormir entre música y luces.
A la mañana siguiente, Vania y yo nos fuimos a explorar el centro de Medellín, nuestra primera parada fue la Plaza Botero. Claro, que como no andamos en presupuestos para taxis, nos tomamos el metro que, al igual que el transmilenio, nos llevaba por 1,500 pesos (0.75 dólares) a cualquier parte. Bajamos en la estación de la Plaza Botero. Es muy llamativo ver todas las esculturas de bronce de Botero que adornan la plaza. También es increible ver cómo la gente que va a la plaza puede subirse libremente a las esculturas, tocarlas, sentarse en ellas. La plaza tenía una vida única. El museo de arte donde están muchas de las pinturas de Botero, entre otros artistas está al frente de la plaza. Por 8,000 pesos (US $4) entramos. Simplemente increible. Lo único malo que el fotografiar, incluso sin flash, no esá permitido.

Luego de pasar por lo menos 2 horas en el museo y con el estómago ya que nos exigía almorzar, nos fuimos a buscar un menú alrededor. La zona no se veía muy agradable alrededor, pero los locales nos afirmaban que era seguro. Entre mucha gente durmiendo en el piso a la 1 p.m. (quizás por los efectos de alguna sustancia legal o ilegal), una calle de prostitutas diurnas y mucho mendigo, llegamos al Parque de Bolivar donde la catedral que lo acompaña es el tercer monumento más grande del mundo construido con bloques de ladrillo (1,120,000 ladrillos). La plaza estaba muy congestionada de gente, quizás debido a que ese lunes era feriado en Medellín. Encontramos un lugar para comer en el boulevard al costado del parque y nos pedimos un pollo asado (tipo pollo a la brasa), un jugo y el tamal más caro de mi vida (4000 pesos - US $2.00).

Después de almorzar, caminamos entre negocios cerrados (por el feriado) hacia el centro moderno de la ciudad. Un puente nos acercó más aún y llegamos a la Avenida San Juan, en donde en el Centro Administrativo La Alpujarra vimos el Monumento a la Raza que nos dejó simplemente boquiabiertos. Seguimos caminando por la misma avenida y llegamos al Parque de los Pies Descalzos, en donde varias piletas y piscinas en medio del parque son la atracción para varios niños de la ciudad. Es tiernamente increible ver la inocencia con la que se divierten. Este lugar es mágico y te transmite una tranquilidad muy particular al estar ahí.

Ya haciéndose un poco tarde pero aún sin anochecer, nos subimos nuevamente al metro con dirección a la última estación y ahí subirnos al metrocable. El Metrocable es un servicio adicional del Metro de Medellín y subir no cuesta nada más adicional. En el metrocable, de la misma manera que un teleférico, uno se sube a una cabina diseñada para 8 personas (4 personas frente a otras 4) y la cabina va suspendida sujetada a un cable y lo lleva a uno hacia las zonas más altas de Medellín en los cerros. La última parada tiene una vista impresionante de la ciudad, pero si uno baja de la estación para disfrutar de la vista, tiene que volver a pagar la entrada al metro (por US 0.75, definitivamente vale la pena hacerlo).

Ya de regreso, pasamos comprando algunas cosas en el supermercado para prepararnos pollo saltado con arroz en la cocina del hostal. Esa noche había parrillada también. Luego de comer, nos juntamos con la gente del hostel para tomarnos unas cervezas y pasar un buen rato.




























































































































































































































































































































































































































































































































1 comentario:

  1. Me encantaron las fotos en blanco y negro!
    Por cierto Jow... prepárate a pagar 6€ por un tamal aquí =P

    Lucho

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