jueves, 25 de junio de 2009

Medellín - En las Afueras

Amaneció en nuesto último día en Medellín y Lady (una chica de Medellín que vive ya hace 20 años en Nueva York) quien había regresado de visita a su país, nos invitó muy amablemente a ir con ella almorzar a la casa de su madre en un pueblo muy pintoresco llamado Marinilla. Nuestro destino ese día era El Peñol y Guatapé.
Tomamos el Metro hasta la terminal de buses en donde tomamos el primero a Marinilla a 1 hora de Medellín. Llegando a este pueblo, nos recibió la hermana de Lady y nos llevó a su casa. La hospitalidad de su familia nos hizo sentir como en casa. Nos invitaron sopa de fríjoles verdes y arroz con chicharrón de chancho y maduritos fritos (plátanos bellacos). El juego fue de tomate de árbol con leche y para finalizar un tinto (como llaman al café puro).

Luego de tan rico y familiar almuerzo, nos acompañaron a tomar un taxi colectivo hacia El Peñol, en donde está una roca gigantesca en frente a un lago. Pasando ya por el Peñol, decidimos irnos a Guatapé, el pueblo asentado frente al lago. Nos fuimos a la rivera a sentarnos en la hierba y a conversar sobre muchas cosas mientras que nos dimos cuenta que había un cable que colgaba desde un monte elevado en el lado oriental del lago hacia una de las orillas. Era un canopy! Por 10,000 pesos (US $5) te llevaban a la cima colgado del cable y desde la parte más alta te soltaban. Era la oportunidad de liberar adrenalina y tratar de superar mi acrofobia.
Pagué mis 10,000 pesos, me subí a la silla y con un motor me empezaron a subir por el cable hasta la parte más alta. La altura no era tan grande al inicio, pero conforme seguía el ascenso, el agua del lago se veía más y más lejos cada segundo que pasaba y ya sentía una sensación de aferrarme al arnés y al cable. Llegué a la parte más alta en donde te sueltan y el viaje empieza, pero aún no estaba preparado. Colgado aún, me aferraba al palo de soporte de la plataforma y me dije: "es ahora o nunca, igual tengo que bajar tarde o temprano y más vale temprano que tarde". Me solté y la sensación de velocidad, altura y descenso es inexplicable. Fue increiblemente alucinante! Al llegar al punto final, unas colchonetas verticales te esperan detrás de unos resortes para absorber la energía en el impacto. Un sonido fuerte y hueco con un impacto fuerte e indoloro en tu espalda te avisa que llegaste. El reto había terminado.
Luego de dar unas vueltas por el pueblo, tomamos el bus de regreso a Medellín. Recogimos nuestras cosas del hotel, le tomé unas últimas fotos y tomamos el metro con destino a la estación de buses. Eran ya las 8:30 p.m. Llegamos a las boleterías de las dos únicas compañías que van a Cartagena: Ochoa y Brasilia. Ninguna de las dos tenía ya boletos disponibles para el viaje de 12 horas desde Medellín a Cartagena. Nuestra alternativa: Tomar un bus de Brasilia hasta Sincelejo (a 9 horas de Medellín) y desde Sincelejo a Cartagena (3 horas). Así lo decidimos, pero esta vez ya estábamos preparados para el aire acondicionado del camino.








































































































































































































































































































































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