viernes, 12 de junio de 2009

Hacia Colombia - Frontera Tulcán - Ipiales

Nos levantamos tempranito para irnos al terminal de Quito y tomar un bus que nos llevara al terminal de Quito (que desde un inicio nos dijeron que era peligroso y que evitemos estar ahí). Salimos de la casa de Franz a las 8:00 a.m. a tomar un taxi en la esquina, el taxi nos llevó hasta el terminal en 15 minutos por US $2.50. El terminal, efectivamente, no era tan ordenado y arreglado como el de Guayaquil, era más bien un terminal sucio, desordenado, antiguo y emanaba aires de peligro. Había seguridad dispersa por todo el terminal, lo que nos tranquilizó un poco. Fuimos a la ventanilla de Flota Imbabura a comprar los tickets para el bus de las 8:30, pero siendo las 8:20 nos dijeron que ya había salido el bus (al destino le gusta jugar con nosotros y los buses). Así que fuimos a tomar otro bus que encontramos averiguando entre ventanillas. Nos cobró US $4.50 desde Quito a Tulcán (ciudad fronteriza de Ecuador con Colombia) y la distancia en horas que nos tomó llegar de punto a punto fue de 5 horas.


Después de muchas paradas para recoger pasajeros y subir hasta los 3000 m.s.n.m. llegamos a la estación de Tulcán. Para abordar taxis en ecuador, nos recomendaron que tomáramos taxis con placas, porque es normal que autos nuevos circulen sin placas. Se nos acercó un taxista ofreciéndonos llevar a Tulcán, se le veía buena persona, pero ya sabemos que las apariencias engañan, nos señaló cuál era su taxi y justo era uno que no tenía placa. Dudamos y lo bombardeamos de preguntas y entre ellas era la de su placa. Nos contó que lo había chocado por atrás y nos llevó a enseñarnos que en su maletera tenía la placa guardada hasta que terminaran de pulir la parte posterior de su carro que efectivamente estaba chocada. Fui a constatar la placa de adelante y era la misma. Nos subimos.


Después de 15 minutos de viaje, llegamos a la frontera con Colombia. Definitivamente puedo decir que es hermosa. Un puente divide las dos casetas de migraciones de ambos países entre una zona llena de vegetación y clima templado. El orden y limpieza de este lugar no se puede cuestionar.


Fuimos a sellar la salida en el lado ecuatoriano. Cuando entramos había un policía con mascarilla por la gripe A y otro sentado a su lado. El policía sin mascarilla se levantó para irse detrás del mostrador y sellar la salida en nuestros pasaportes. Mientras ponían los pasaportes en los sellos y nos hacían preguntas rutinarias (no sé por qué a Vania le preguntaron que perfume se había puesto), los otros policías ya habían cogido los postes con cintas para separar las colas y habían cercado la zona alrededor de su televisor, colocando sillas para poder ver el partido Perú-Ecuador, esto a fin que los inmigrantes y emigrantes no interrumpieran la visibilidad del partido cuando ingresaran a sellas sus pasaportes.


Luego, pasamos ya al lado Colombiano (al otro al otro lado del puente). Hasta ahora tengo el Karma que me persigue en los controles de ingreso en el país. Presenté mi pasaporte portugués (con el que viajo para evitarme todas las visas en Centro América). Ya en la ventanilla, el policía encargado estaba a punto de sellármelo, cuando me preguntó si yo había nacido en Colombia, a lo que pensando que era una pregunta para decirme compatriota y luego abrazarnos de alegría, me dijo que le presentara papeles Colombianos porque no podía entrar con otro pasaporte siendo yo Colombiano. A lo que me tocó darle una larga y convincente explicación de que yo no tenía ninguna obligación como Colombiano, ya que mi partida era emitida por un consulado peruano en Colombia y nunca había sacado ningún papel colombiano, pero sin embargo podía mostrarle mi DNI peruano y portugués. A lo que me respondió que me daría 60 días de entrada al país pero que por favor no me quede más porque él se metería en problemas. Le agradecí y salimos del control migratorio.


Averiguando ya previamente en Tulcán cuánto eran las tarifas para transportarnos dentro de nuestros primeros metros avanzados en Colombia, buscamos un taxi para que nos lleve a Las Lajas (una pequeña ciudad Colombiana que tiene una iglesia construida en un precipicio a 20 minutos de la frontera). Dice la historia que una indígena con su hija descubrieron una imagen de la virgen en esta zona cuando buscaron refugio por una tormenta. La niña, que era sordomuda, empezó a hablar y a señalar las piedras hacia una figura de la virgen que se había formado. Desde ahí se convirtió en un sitio milagroso en donde los cristianos se encomiendan a la virgen y piden milagros, cuando se les concede el milagro, en agradecimiento le colocan una placa en las paredes de roca adyacentes a la iglesia. Las placas son innumerables.


La Iglesia tiene un estilo gótico y su belleza te envuelve desde el momento que se asoma al bajar hacia el precipicio. La bajada es a través de un sendero empedrado lleno de comercio al principio pero que conforme uno se acerca al área de la iglesia, ya se prohibe la entrada a ambulantes y se vuelve un espacio más privado entre la naturaleza, la iglesia y uno mismo.


De regreso de Lajas, tomamos un taxi que por 2400 pesos (US $2.20) nos dejó en el terminal de en Ipiales, para dirigirnos a nuestro siguiente destino. Eran ya las 5 p.m. y nos había recomendado no viajar de noche desde Ipiales, así que no podríamos ir directamente a Cali sino debíamos hacer una parada. La ciudad más cercana era Pasto a 1:3o horas de Ipiales.
El trayecto a Pasto estuvo lleno de vegetación e impresionantes abismos. Los buses en Colombia tienen algo en particular y es que todos deben adaptar un dispositivo de control de velocidad que se muestre en la cabina de los pasajeros para que ellos puedan ver a qué velocidad va el chofer.


Cuando un chofer sobrepasa los límites de 60 Km/h en ciudad u 80 Km/h en carretera, una alarma empieza a sonar. Los pasajeros son libres de llamar a la policía de carreteras para denunciar a la empresa de transportes.


Llegamos a Pasto como a las 6:30 y en el terminal tomamos un taxi hacia un hotel no muy caro y en zona segura. Nos llevaron al Hospedaje "Manhattan" que por 15000 pesos (US $7.5) nos dieron un cuarto doble con baño compartido (no era problema para nosotros). Conocimos ahí a Alí, un pakistaní que viajaba entre Colombia y Ecuador vendiendo plata y telas que le enviaban desde su país de origen.


Nos acostamos como a las 12 para poder tomar un bus al día siguiente que nos llevara a Cali: Mi ciudad natal.















































































































3 comentarios:

  1. Hola soy Elizabeth de Perú, me fascina viajar he ido a Ecuador y en estas vacaciones pienso ir a Colombia; gracias por los datos asi tengo una idea mas clara.

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  2. Tu forma de narra el viaje se me hace tan familiar, siempr estoy muy preocupado por la seguridad y qué es lo normal y que no. Me gustaría saber cual fue el climax de este tramo en la ruta, Que descubriste y consideras imperdible.

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  3. Muy buena descripción del viaje. Estoy por hacer exactamente el mismo y me ha resultado de mucha utilidad. Muy descriptivo, muchas gracias!

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